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Amor extraordinario.

14/Febrero/2021.




43 Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen... 48 Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Mateo 5:43-48.

Nos acostumbramos a que en una fecha como la de hoy exaltemos el amor. Sí estamos en una relación o enamorados hablamos del amor por nuestra persona amada de una manera romántica y esplendida, sí estamos solteros de cualquier forma aprovechamos la oportunidad para expresar nuestro cariño a nuestra familia y amigos, también hay quienes reniegan de la fecha por el consumismo y vender un “amor inflado” y poco realista.

Sea que celebres o no, no podemos negar que el amor provoca las más fuertes emociones, que han corrido ríos de tinta bajo la inspiración del amor, que el amor puede construir y destruir, el amor sencillamente es poder. El amor no queda fuera de las enseñanzas de Jesús y de las Escrituras, pero lejos de enseñar acerca del amor romántico enseña de un amor extraordinario, llamémosle así porque lo ordinario es lo siguiente “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo”, lo ordinario es amar a quien te hace el bien, es hasta cierto punto fácil amar a los que te ayudan, a los que están para ti, a los que te demuestran cariño, es fácil estar enamorado de alguien que te atrae.

Pero Jesús nos invita a practicar otro tipo de amor, un amor extraordinario, que puede ser (según como lo veas) más difícil; el amor por el “enemigo”, es decir, los que nos maldicen, nos aborrecen, nos ultrajan y nos persiguen, esas personas que buscamos evitar, deshacernos de ellas, vengarnos de ellas, deseamos su mal o a lo menos no les deseamos el bien. Quizá alguien viene a tu mente y Jesús te llama a amarle.

Este tipo de amor no es una simple orden ética, sino que encuentra su sentido en Dios mismo, pues Jesús no da ningún mandamiento que no sea reflejo de su carácter y vida. Recordemos aquel pasaje que dice “Dios es amor” (1 Jn. 4:8) y en nuestra lectura nos encontramos con que el Padre “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos”. La gracia de Dios no discrimina entre los buenos y los malos, sencillamente la imparte a todos.

Jesús es también la suprema muestra de amor de Dios. Amó al samaritano, quienes eran despreciados por los judíos, amó a los pecadores que nadie quería cerca, amó a esos que eran traidores del pueblo, amó los opresores soldados romanos y amó a la humanidad que despreció, rechazó y aborreció a Dios dando su vida por nosotros en la cruz, con su propia sangre sello su amor. Jesús nos llama a amar como él y su Padre lo hacen y no como la mayoría lo hacen, pues cualquiera puede amar a quienes le amán y cualquiera puede ser amable con aquellos con quienes tiene parentesco o cierta afinidad, eso lo hacen también los interesados, lo hacen también aquellos que como cristianos criticamos, lo hacen aquellos que erróneamente llamamos el mundo y sin darnos cuenta seguimos con “el mundo” en el corazón.

Por eso la invitación de ser “perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” tiene sentido y no se refiere a perfección como solemos pensar, sino a ser íntegros, pues no se puede tener un carácter como el del Padre y como el de Jesucristo sin amar verdaderamente, aun a aquellos que se muestran como nuestros enemigos. Este amor sería imposible, sería hasta tonto, sino fuera porque Dios nos muestra cómo ponerlo en práctica y que puede ser posible amar extraordinariamente. Ejercer este amor necesita tanto la interiorización del amor de Dios por cada uno de nosotros, es decir, hacer personal y propio el amor de Dios, como también necesita la práctica la práctica de bendecir, de hacer el bien, de orar por quienes son nuestros enemigos, pero la práctica no será fácil, bien dijo Erich Fromm que el amor es también una disciplina.

El amor de Dios es el más grande amor para celebrar, rompió las barreras de la eternidad y se manifestó a los hombres de maneras comprensibles y el deseo de Dios es que ese amor inunde toda la creación. Es el inmenso amor de Cristo Jesús.

Aplicaciones:

  • Reflexiona y da gracias por el amor de Dios por ti, mira esas manos que levantan, esos brazos que abrazan con cariño, la boca de Jesús que bendice y da aliento y la sangre que escurrió de la cruz y grita más fuerte que cualquier voz por el amor de Dios.
  • Comienza a orar, hacer el bien y a bendecir a aquellos que es más difícil, a quienes en condiciones ordinarias responderías a su odio con odio, conforme lo practiques sinceramente será más fácil vivir un amor extraordinario.
  • Invita a otros a conocer el amor extraordinario de Dios y a vivirlo de forma práctica.


Daniel Ávila.

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