09/Enero/2021.
“Una gran multitud seguía a Jesús. Él se dio vuelta y les dijo: «Si quieres ser mi discípulo, debes aborrecer a los demás —a tu padre y madre, esposa e hijos, hermanos y hermanas— sí, hasta tu propia vida. De lo contrario, no puedes ser mi discípulo. Además, si no cargas tu propia cruz y me sigues, no puedes ser mi discípulo. »Sin embargo, no comiences sin calcular el costo. Pues, ¿quién comenzaría a construir un edificio sin primero calcular el costo para ver si hay suficiente dinero para terminarlo? De no ser así, tal vez termines solamente los cimientos antes de quedarte sin dinero, y entonces todos se reirán de ti. Dirán: “¡Ahí está el que comenzó un edificio y no pudo terminarlo!”. »¿O qué rey entraría en guerra con otro rey sin primero sentarse con sus consejeros para evaluar si su ejército de diez mil puede vencer a los veinte mil soldados que marchan contra él? Y, si no puede, enviará una delegación para negociar las condiciones de paz mientras el enemigo todavía esté lejos. Así que no puedes convertirte en mi discípulo sin dejar todo lo que posees.”
Lucas 14:25-33 NTV
En la vida cristiana, siempre habrá momentos dónde uno desea hacer lo que guste. A veces deseamos actuar de X o Y manera porque es lo que nos conviene, pero, mis planes no son los de Dios y cuando Dios dice algo, es mejor obedecer. Entre las cosas con las que luchamos, están aquellas a las que debemos renunciar para seguir avanzando en nuestra intimidad con Cristo, pero, nos cuesta trabajo desprendernos de ellas porque le tenemos tanto cariño a cosas innecesarias. En está porción que veremos hoy, Jesucristo confronta duramente a las personas que tenía a su alrededor, mostrándoles que, si no eran capaces de seguir a Jesucristo por sobre todo, entonces, no eran capaces de ser discípulos.
Según el contexto de este capítulo, Jesús venía de haber sanado enfermos, incluso sano a una mujer en el día de reposo (Lucas 13:10-17) y no solo eso, también había dado algunas enseñanzas en forma de parábolas. Lo interesante entonces, viene aquí, al iniciar el capítulo 14 Jesús vuelve a sanar a un enfermo (hidrópico) en el día de reposo; pongámonos en contexto (Lucas 14:1-24) Jesús entro a comer en casa de uno de los fariseos, en medio de esto, los fariseos le acechaban ante cualquier cosa o acción que hiciera Jesús y como si fuera poco, este hombre hidrópico se pone frente a Jesús. Viendo esta acción, Jesús toma la palabra para preguntarles: “¿Es lícito sanar en sábado? (RVR60)” Pero como nadie pudo responderle, Jesús lo sana y lo despide. Aunque el relato no nos dice, por lo que Jesús pregunta, me atrevo a poner este pensamiento en tu mente. Los fariseos (quizás) en su mente ardían de coraje y estaban pensando tantas cosas, que la siguiente pregunta de Jesús frena toda acción: “¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará inmediatamente, aunque sea en sábado?” Y según lo que nos dice el V6, nadie pudo responderle.
Interesante, que mientras todo esto se desarrollaba, Jesús veía como ellos querían escoger un asiento privilegiado a la mesa, arroja otra enseñanza y luego una parábola (Lucas 14:7-24). Entonces, en medio de la parábola, Jesús arroja una enseñanza para responder a aquel que le dice: “Dichoso el que coma pan en el reino de Dios.” Pan en el reino de Dios, esa frase fue la que Jesús usa para dar la enseñanza de la parábola, esta acción me hace pensar en Jesucristo pensando: ¿Con qué pan en el reino de Dios? Veamos si entiendes la idea de comer “pan en el reino de Dios” y Jesús lanza la parábola de la gran cena. Aunque el autor no nos hace referencia si la porción del devocional, va en seguida de la comida con los fariseos, pero lo que si nos proporciona es que Jesús continuaba su camino a Jerusalén y en ese trayecto es donde lo encuentran las grandes multitudes. Ahora, te pido que prestes atención a lo que sigue.
Jesús iba en su camino y de pronto de voltea hacía las multitud para decirles un mensaje muy retador, Jesús en resumidas cuentas les dice: “No pueden ser mi discípulo.” Y Jesús procede a explicar el porque les está diciendo esto. Amigo lector, presta atención a lo que sigue, esta es la parte más importante a poder meditar, Jesús dice entonces en tres veces que no podían ser su discípulo si:
- No aborreces a tu familia y tu propia vida.
- No tomas tu cruz y le sigues.
- No dejas todo lo que posees.
- No aborreces a tu familia y tu propia vida: Jesús no les estaba diciendo que odiaran y aborrecieran a su familia, es decir, que tuvieran algún resentimiento contra ellos, por el contrario, la idea de aborrecer que Jesús nos presenta es que si tu familia es más importante que él mismo Hijo de Dios, entonces no estás preparado para ser un discípulo de Cristo, no estás preparado para ir detrás de ÉL.
- No tomas tu cruz y le sigues: Ciertamente seguir a Jesús es un cambio de vida, pero este cambio requiere un compromiso, aquí debemos recordar el porque muchas iglesias están llenas de “cristianos” que creen seguir a Cristo pero realmente solo siguen sus emociones y convicciones, debemos saber entonces que cuando se habla de la cruz, se habla de un instrumento de tortura y muerte, por lo que, el creyente debe ser capaz de visualizar que seguir a Jesús es un compromiso hasta la muerte que se debe vivir día con día.
- No dejas todo lo que posees: Pareciera que Jesús nos quiere llevar a recordar lo mismo que sucedió con el joven rico (Mateo 19:16-22), el renunciar a las pertenencias para aquellos que estamos acostumbrados a expedir un cariño sobre ellas, nos lleva a pensar que estás son más importantes aún que nuestra intimidad con Dios, y si ese es tu ejemplo querido lector, entonces, no puedes ser un discípulo de Jesucristo.
- Te corresponde día con día, renunciar a todo lo que tienes, no porque no tengan un valor, sino porque, cualquier cosa terrenal comparada con Cristo, en automático pierde su valor.
- Si hay algo que no puedes soltar o te cuesta trabajo dejarlo porque crees que tiene mucho valor, recuerda que, Cristo pago un precio aún más elevado en la cruz ¿Sigue teniendo más valor que Jesucristo?
- El desprenderse de cosas o de personas por amor a Cristo, no significa dejar de amarlos, significa que ese amor no puede ser más grande que el que tengas por Cristo Jesús.

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