12/Enero/2021
“Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.”
2 Corintios 5:18-19.
Muchas veces he llegado a ver la salvación como un acto frío, en que Dios nos declara justos como un juez y nos salvamos de un castigo eterno (estoy seguro que no soy el único), pero lo que Dios ha hecho por nosotros no es para nada algo frívolo. Dios fue motivado por su puro amor. La palabra “reconciliación” nos lleva a ver a Dios como persona, quizá como un padre deseoso de volver a tener a su hijo en sus brazos después de un distanciamiento. La actitud de Dios es lo que resalta; un Dios perdonador que quiere restaurar la relación con sus amadas criaturas.
Y ¿Cómo lograr tal reconciliación? Sabemos que es por medio de Cristo; “que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo” La actitud y la obra reconciliadora viene del Padre, pues los hombres estamos inmersos (muertos) en nuestro pecado y una actitud adversa a Dios, y esa obra la hace mandando a su Hijo, quien en su naturaleza es Dios, logrando dos cosas: Limpiarnos de nuestros pecados delante de Dios y darnos a conocer su amor por nosotros.
Primeramente el texto dice “no tomándole en cuenta sus pecados”, es decir, que la actitud de amor de Dios sobrepasa la ofensa y nuestro odio por todo lo bueno y por él, pero para que ese perdón de pecados fuera real y la justicia cumplida, entonces Jesucristo mismo se puso bajo condenación y fue tratado como pecador, para que nosotros pudiéramos recibir la justicia de Cristo, una sustitución motivada por el amor y el perdón de Dios. También el que Dios se encarnara nos habla de un amor inexplicable, que trasciende la barrera entre Dios y la humanidad y se traduce en una persona; en Jesús y por medio de él Dios le dice a la humanidad: ¡Te amo! Aun a pesar de tu rebeldía, orgullo y obstinación ¡Te amo!, sí no puedes comprenderlo, me hago comprensible y frágil como cualquier ser humano, sí en esa fragilidad me tomas para destruirme, te perdono, y, sí a la muerte te diriges para estar eternamente separado de mí, hasta la muerte voy por ti y vencida la muerte te rescato de ella también.
Lo que Dios me muestra en Cristo es un amor al que no puedo resistir. Pero no debemos pensar en ese amor como una excusa para vivir como queramos, pues la única forma de vivir esa reconciliación es que también nosotros atendamos a la actitud de Dios, no, no me refiero a hacer obras para completar la salvación, sino a responder a la salvación con un sí, con la fe, con una fe real, viva, comprometida, una fe que viene con la actitud correcta hacía Dios y su obra redentora y también una fe que está dispuesta a invitar a otros a reconciliarse con Dios también, pues “encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación”.
Soy una persona de muchos errores, igual que tú, pero desde que veo a Dios y la vida cristiana desde la reconciliación, sé que cuando mi compromiso falle, cuando no soy suficiente (lo que es casi siempre), cuando peco, cuando no me parezco a Cristo, no me encuentro con un Dios airado que quiere destruirme, sino con Dios deseoso de que vuelva al buen camino, con un Padre que perdona las faltas de su hijo porque le ama y su deseo es que viva en su voluntad. Dios nos quiere para ÉL completamente y no hay bien para el hombre si alejándose de Dios se hace esclavo del pecado y de la muerte, por eso por medio de Cristo nos reconcilia y con ese amor nos llama a reconvenir de nuestro camino, arrepentirnos de nuestros pecados y abrazarle reconciliados con él.
Aplicaciones:
- Acércate a Dios desde la reconciliación, camina con Cristo consciente de que en el todos tus pecados son perdonados, que por amor a ti el dio su vida.
- Recuerda también que hay muchas personas con quienes practicar la reconciliación a quienes predicarles el evangelio que los reconcilia con el Padre, no pierdas la oportunidad de obrar para el más grande proyecto, dar a conocer la persona y obra de Cristo.
Daniel Ávila.

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