15/Enero/2021
“Ustedes son la sal de la tierra. Pero ¿para qué sirve la sal si ha perdido su sabor? ¿Pueden lograr que vuelva a ser salada? La descartarán y la pisotearán como algo que no tiene ningún valor. Ustedes son la luz del mundo, como una ciudad en lo alto de una colina que no puede esconderse. Nadie enciende una lámpara y luego la pone debajo de una canasta. En cambio, la coloca en un lugar alto donde ilumina a todos los que están en la casa. De la misma manera, dejen que sus buenas acciones brillen a la vista de todos, para que todos alaben a su Padre celestial.”
Mateo 5:13-16 NTV
En el día a día nos involucramos con personas que aún no conocen de Cristo, quizá nos ubiquen por la fe que profesamos o por autodenominarnos cristianos, pero ¿realmente somos “uno más” o se nota nuestro decir y hacer? Sabemos que es un mundo hostil, y es porque está caído, es la naturaleza pecaminosa. En este mundo, estamos llamados a ser sal y luz.
¿Por qué nos compara con la sal y la luz?
La sal era, (y es) un recurso importante. Solo imagina la vida sin sal, sería un tema ¿no? Y es que en la antigüedad la sal era un recurso incluso con el que se pagaba, de ahí surge salario que viene de “salarium”. Uno de sus usos más icónicos es el de preservar los alimentos. Esto podría levantarnos el cuello y decir: “Sí, en efecto soy importante” y es que lo somos, pero no por lo que hagamos o dejemos de hacer, si no por el sacrificio de Cristo en la cruz y porque por Él somos importantes, siempre todo nos lleva al sacrificio de Jesús en la cruz.
Sabiendo que somos sal y la sal preserva, ¿qué hay que preservar? Prácticamente estamos llamados a preservar lo que Dios habla en su palabra, mostrarlo aplicado en nosotros y compartirlo en el entorno, hacer saber su reino venidero. También nos dice que somos luz y la función de la luz es iluminar y desaparecer la oscuridad, entonces en cada lugar al que vayamos, la luz de Cristo tiene que iluminar a través de nosotros, recordando que una lámpara no se esconde, más bien trata de alcanzar todos los lugares donde aun la luz no llega, y es que como cristianos, ¡tenemos mucho que decir!
Al final, en el versículo 16 nos da una manera de ser esa sal y luz, por medio de las buenas acciones que llevemos, y no es porque seamos “buenos”, es el resultado de lo que Cristo hizo por ti y por mí en esa cruz, y por su gracia que nos sostiene para poder mostrar su obra redentora en nosotros, y esto también incluye nuestras acciones, esto con un propósito que es: que todos alaben a Dios. Aunque nuestro entorno no está totalmente de acuerdo a la manera de vivir que enseña Cristo, debemos mantener esa salinidad que nos caracteriza como bienaventurados por Dios.
Entonces hay una relación entre lo que somos y lo que estamos llamados a hacer, que es hacer saber el sacrificio de Cristo, por la misericordia de Dios.
Aplicaciones:
- Hoy, ¿cómo puedes mostrar lo que Dios hizo en tu vida?
- Pide a Dios que te use como esa Sal y luz en tu entorno
Fernanda Corona.

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