03/Febrero/2021.
“Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Gálatas 2:20.
Días atrás meditamos en este pasaje con un énfasis en el legalismo. Pero también el otro extremo está siempre presente, cuando se puede llegar a pensar que la gracia de Dios es una licencia para vivir como queramos y agradarnos de cualquier forma aún si eso incluye pecar. El libertinaje se entiende mejor como un desinterés de agradar a Dios. Sí seguimos viendo a la ley como los legalistas (la misma visión pero desde el lado opuesto) entonces podemos pensar que a Dios no le interesa lo que hagamos, que podemos vivir de la manera que más nos agrade y Dios seguirá complacido con nosotros o que sencillamente a Dios no le importa y solo quiere hacernos felices.
Pero esta frase vuelve a retumbar en nuestras mentes “Con Cristo he sido crucificado” Es verdad, hemos muerto a nuestros intentos de valer nuestra justicia personal, pero también morimos a una vida en la que el fin es satisfacernos.
¿Qué dirección es mejor? ¿En la que me sujeto a la ley o en la que me sujeto a mi propio deseo? ¡La mejor dirección es Cristo! ¿Es malo querer ser feliz? Por supuesto que no, pero el camino a la verdadera felicidad no es el camino de la autosatisfacción, citando también a Agustín de Hipona “porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Confesiones). Solo en la voluntad de Dios el hombre encuentra verdadero sentido y por tanto la felicidad. ¿Qué lo importante no era la gracia de Dios? Sí, pero la gracia, es decir, el regalo de Dios es Cristo ¡él mismo! y disfrutar de esa gracia es vivir en Cristo ¿Cómo? Ya no viviendo yo, sino que Cristo viva en mí.
Pues sí vivimos para nosotros solamente no existe una verdadera diferencia entre conocer a Cristo y no hacerlo y seguimos en esclavitud al pecado y la vanidad abrumadora con la que nos encontramos. Y es bastante común que vivamos de esta forma, que prefiramos experiencias espirituales ocasionales, pues nuestra generación rechaza cualquier compromiso que no sea con mi propia persona; “vive para ti”, “amate por sobre todas las cosas”, ideas como estás abundan y no debe sorprendernos que nada nos llene en verdad, y que vayamos cada día en busca de experiencias más estimulantes.
Pero a nosotros se nos dice que vivamos la vida como el apóstol Pablo “y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios”. Vivamos por la fe en el Hijo de Dios, y ante un mundo que detesta el compromiso, comprometámonos con Cristo y él es el único que puede darle sentido y felicidad a nuestras vidas. Ten en mente también la parte final “el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” pues su amor es la más grande motivación para continuar comprometido con Cristo, y maravillosamente el compromiso es con amar a Dios y al prójimo como a un mismo, la ley de Cristo.
Aplicaciones:
- Sí el libertinaje es el que ha afectado tú caminar cristiano, entonces recuerda que Jesús te ha llamado a comprometerte con él, a vivir la vida que él vivió y no encontraras más valor y significado en tu vida que la que se puede encontrar en Jesucristo, pues ir en busca de nuevas experiencias y vivir con los ojos puesto en cosas materiales nunca te llenará.
- Nuevamente ve a los evangelios y observa como Cristo vivió y aprende del hombre más comprometido con la voluntad de Dios y de sus discípulos que aprendieron de su ejemplo.
Daniel Ávila.

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