01/Marzo/2021.
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.”
Genesis 12:2.
En Genesis 12:2 vemos una promesa que Dios hace a Abraham: Dios le dice que tendrá una gran descendencia y formaría una gran nación. Pero viene el primer problema: Abraham y Sara, su esposa, no tenían hijo, además Sara era estéril. ¿Cómo iba a salir de ahí una nación grande? ¿Fracasaría la promesa recién dada?
Cuando esta promesa fue dada, Sara tenía 66 años, por lo que trataron de arreglar la situación a su manera: Abraham toma a Agar, la sierva de Sara, y deciden tener un hijo, Ismael. Pero no era lo que Dios había dicho y en vez de resultar en bendición resulta en maldición, ya que de la descendencia de Ismael surgió una nación que estaba en contra de los israelitas.
Los años siguen pasando y ahora Sara tiene 90 y Abraham 99 y todavía no se cumple la promesa. Pero Dios cumplió, nace Isaac y ahora ya parecía que la promesa iba tomando forma. Poco tiempo después Dios le pide a Abraham que sacrifique a Isaac, y si Isaac moría no seguiría la descendencia.
Todo era una vez más para mostrar la total dependencia en Dios, ya que al final Isaac no es sacrificado y la historia continúa. Abraham muere, entonces ahora la promesa cae en Isaac. Se casa con Rebeca, tiene dos hijos, Jacob y Esaú; Jacob tuvo 12 hijos, y de ahí nace toda la nación de Israel. Con esos 12 hijos comienza a cumplirse la promesa aun en medio de las dificultades.
Aplicación:
- Aunque a veces igual tratemos de cumplir por nuestra cuenta el propósito que Dios tiene para nosotros y lo dejemos a él de lado, él siempre va a cumplir lo que promete.
- Abraham aprendió que para que el plan de Dios se cumpla, solo él puede llevarlo a cabo, y Abraham solo debía de confiar. Nosotros debemos de creer esa misma verdad.
- Entonces no te quejes, no cuestiones, no te preocupes por la situación en que Dios te ha puesto. Síguelo alabando, que él es soberano y sabe lo que hace.
Pastor Daniel Aguilar.

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