08/Marzo/2021
“...5 Y se encendió la ira de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive el SEÑOR, que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir; 6 y debe pagar cuatro veces por la cordera, porque hizo esto y no tuvo compasión. 7 Entonces Natán dijo a David: Tú eres aquel hombre...”
2 Samuel 12:1-12
Hay que admitir que hay partes de la Biblia realmente duras, esta es una de esas.Uno de los personajes bíblicos más emblemáticos ha cometido un pecado verdaderamente grave, deshonró a una mujer y a su esposo, mientras Urías estaba en la guerra (en la cual David debió haber estado) David se acostó con su esposa Betsabe y ante la noticia del embarazo de aquella relación ilícita, el rey David se encargó de que Urías muriera en batalla, a decir verdad planeó un homicidio disfrazado.
David se casó con Betsabe y continuo su vida sin arrepentirse de su cobardía y maldad, pero Natán el profeta enviado por Dios va a David y le cuenta una historia, donde un hombre rico, ante la llegada de un visitante, pudiendo tomar alguna de sus ovejitas decidió tomar la única corderita amada de un hombre pobre. Ante el narrado acto de injusticia “se encendió la ira de David en gran manera contra aquel hombre”, seguramente pensando que aquella historia era real, incluso conjuro el nombre del Señor para dictar juicio ante un acto tan impío: “Vive el SEÑOR, que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir; 6 y debe pagar cuatro veces por la cordera, porque hizo esto y no tuvo compasión”.
Sin saberlo David estaba condenándose a sí mismo, pues la historia que le contó el profeta Natán no era sino una metáfora para mostrarle su pecado: “Entonces Natán dijo a David: Tú eres aquel hombre”. La disciplina de Dios a David es anunciada y entonces el rey reconoce su pecado, lo que le causo mucho dolor y culpa hasta el arrepentimiento. Es curioso como las Escrituras muestra a sus personajes más emblemáticos tal como son, sin encubrir sus faltas, las palabras de David contra el hombre rico de la historia no son demasiado duras, pues la injusticia es un acto terrible ante Dios, David merecía la muerte, pero Dios le mostró misericordia a él. En la vida como cristianos nos suele suceder como a David, que no nos damos cuenta de nuestros pecados y nos apresuramos a juzgar a los demás, pasamos por alto nuestros errores o los justificamos, pero cuando alguien comete un error o pecado igual que nosotros juzgamos sin más ni menos.
Ningún creyente por más puro que parezca ser está exento de pecar así que deberíamos vivir revisando nuestro propio corazón y hechos más frecuentemente que lo que pasamos revisando a los demás.
Con esto no quiero decir que vivamos en penitencia y meditación, sino que seamos constantemente auto críticos con nuestra forma de vivir, cuidémonos de esos momentos de seguridad cuando sentimos que estamos haciendo todo bien, expongámonos al evangelio y permitámonos atender a la crítica de los demás, no para destruirnos, sino para conocer nuestras áreas débiles y rectificar.
La historia de David nos enseña no solo de lo peligrosos del ocio y de lo terrible del pecado sexual, también nos enseña de lo engañoso que pude ser el corazón del hombre para pecar terriblemente sin siquiera darse cuenta y cómo resulta fácil juzgar el pecado en los demás y omitir el propio. Jesús nos enseña que el mal proviene del corazón y es ahí donde debemos poner nuestra mirada y renovar nuestro corazón, ser conscientes de nuestras más íntimas inclinaciones y renovarnos en Jesucristo. También nos enseña a ser humildes con los errores de los demás al intentar corregir y recordar que con la regla que midamos a los demás seremos también medidos.
Aplicaciones:
- Oremos a Dios para que nos permita ver los pecados que son ocultos a nuestros ojos y hagamos un verdadero trabajo de introspección.
- Hacer esto correctamente nos exige mirarnos a través de Jesucristo, por lo que debemos darnos a la tarea de conocer como Jesucristo vivió bajo la buena voluntad y ley de Dios.
- Pide a otros que te ayuden a evaluar tu comportamiento y a que te confronten y critiquen constructivamente con tu forma de vivir y caminar con Cristo.
Daniel Ávila.

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