05/Marzo/2021.
“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad... Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.”
Juan 4:13-18, 25-26 RVR60.
Me encanta esta porción, la he escuchado predicada en muchas maneras y de muchos sentidos. La usan pare hablar sobre necesidades como para hablar sobre amor. Ciertamente la historia tiene un contexto y un sentido, pero me encanta como es que en las aplicaciones que puedes darle, veremos la misma respuesta: Cristo es lo que necesitas.
Siendo pastor de jóvenes, a veces me encuentro con situaciones que lamentablemente quisiera no enterarme o confrontar, a veces descubro que los jóvenes de mi iglesia o de otras, cargan con pesos increíblemente imposibles. Desde aquellos que sueñan con ser el mesías de una familia destruída, hasta aquellos que quieren terminar con su vida porque la chica o el chico, la calificación o la aprobación para X cosa nunca llego. Cada vida es un mundo, cada mundo tiene sus propias complejidades y cuando puedes entender que tan compleja es una persona, entonces tomas con cuidado la responsabilidad de llevar a la persona a Cristo y dejar que el Señor sea quien restaure a la persona, porque, si yo quisiera hacer algo para que una persona sea restaurada, seguramente me iré al pozo con él/ella o terminaremos perdidos.
Por eso esta historia me encanta, una mujer que no tenía satisfecha su necesidad de ser aceptada, de ser amada, de tener una identidad, tiene el encuentro más hermoso que puede llegar a tener con Jesucristo, en un pozo de agua potable.
Me encanta observar al Señor pedirle agua, y observar que ella se sorprende porque: “¿Cómo es que un judío le pedía ese favor a una Samaritana?” Entendamos que por cultura, los judíos veían con menosprecio a los samaritanos, porque ellos no era Israelitas de nacimiento, sino que venían de otras naciones, mandados por el rey de Asiria en el cautiverio para ocupar los territorios de las tribus de Efraín, por lo que, se mezclaron con los pocos Israelitas que quedaban y al final, son resultado de un mestizaje entre Israelitas y paganos, también, porque aún que fueron instruidos por un sacerdote Israelita en las costumbres hebreas, seguían manteniendo su idolatría.
Entonces ocurre lo inevitable, un encuentro entre Jesús y está mujer. En medio del dialogo, Jesús usa una necesidad humana para ilustrarla, le pide agua. La mujer entonces pregunto sobre cuál era la motivación de Jesús para pedirle agua y este le responde algo sumamente maravilloso:
“Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ... Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.” - Juan 4:10-11, 13-15 RVR60.
Jesús obviamente conocía el corazón de está mujer, conocía su historia, pasado, presente y futuro. Entonces, usando el agua (que es una necesidad básica del ser humano) le pregunta a la mujer por una necesidad que no había podido llenar en lo profundo de su corazón...
“Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.” - Juan 4:16-19 RVR60.
Veamos detenidamente esto: Jesús no hizo rodeos, Jesús conecto con ella de inmediato, Jesús señalo su vació y le hizo ver esa necesidad a ella. Jesús termina el dialogo con ella de una manera espectacular:
“Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo? Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él... Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.” - Juan 4:25-30, 39-42 RVR60.
Reflexionemos un momento:
Así como Cristo le mostró a está mujer que la necesidad del vació/soledad/miedo (como quieras llamarle) estaba presente en su vida, y que solo ÉL podía llenar esa necesidad, la invitación este día para ti es...
Sea cuál sea la necesidad con la que luchas, debes saber que tiene un origen... El origen de nuestras necesidades es Dios, esa necesidad que tenemos desde el nacimiento tiene un tamaño Dios que solo ÉL puede llenar. Ella luchaba con el pecado sexual, y encontró su satisfacción en Cristo ¿Con qué luchas tú? Esa lucha solo puede ganarla Cristo, ese vació tiene la forma y el tamaño de Cristo, no luches más por llenar esa necesidad con pornografía, sexo, vicios, dinero, cosas materiales, hombres o mujeres, relaciones inestables, amistades tóxicas. El fin de esa lucha solo está en Cristo ¿Vas a seguir peleando por llenarla con cosas que sabes que no te traen satisfacción o dejarás de un vez por todas que Cristo sea quién se encargué?
Néstor Rodríguez.

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