01/Abril/2021
“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y ÉL te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote y probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque ÉL te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.”
Deuteronomio 8:11-18 RVR60
Cada vez que leo algo respecto a la historia del pueblo de Israel, me recuerda dos cosas: Por una parte, me recuerda cuan grande es y ha sido la misericordia de Dios. Y por la otra parte me recuerda como los seres humanos podemos llegar a ser tan desagradecidos hacia con Dios y este pasaje no es la excepción.
El pasaje inicia dando una clara advertencia sobre olvidar a Dios y sus mandamientos cuando todo va “bien”. El pueblo de Israel no tenía mucho de haber salido de la esclavitud que vivieron por años en Egipto, habían presenciado muchos milagros y experimentado la mano de Dios a su cuidado todo el tiempo. Dios les había protegido del frío y del calor, había saciado su hambre y su sed, Dios a pesar de todo había bendecido grandemente a este pueblo y justo ahí es que encontramos esta advertencia sobre olvidarse de Dios en los momentos de prosperidad, ya que al ver que todo iba bien y nada les hacía falta, su corazón se podría llenar de soberbia y decir que todo el bien que tenían era por su propia mano. Esta advertencia iba directamente dirigida al pueblo de Israel, sin embargo, ¿Cuántas veces no somos nosotros igual de desagradecidos? ¿Cuántas veces nos enorgullecemos de lo que tenemos pensando que es por mérito propio y dejamos de lado a Dios?
Tristemente tendemos a buscar más a Dios cuando las cosas van mal, cuando necesitamos pedirle ayuda, pero ¿Qué hay de buscarle y agradecerle por todo lo que ÉL nos da? Estamos tan acostumbrados a lo que tenemos; llámese casa, trabajo, carrera, salud, familia, etc. Que se nos olvida que es Dios quien nos da y permite todo esto y no nuestros propios méritos. Debemos tener cuidado de caer en el error de pensar que lo que tenemos lo hemos conseguido nosotros mismos, de pensar que no necesitamos buscar a Dios a menos que necesitemos ayuda de su parte, no seamos mal agradecidos y olvidemos todo lo que nos da solamente porque todo va “bien”.
Aplicaciones:
- Busquemos a Dios cada día ya sea que nos vaya bien o nos vaya mal.
- Agradezcámosle su gracia y misericordia para con nosotros mostrado en la persona y sacrificio de Cristo.
- Utilicemos para la gloria de Dios cada una de las bendiciones que nos da.
- Oremos al señor por un espíritu humilde, libre de soberbia y agradecido hacia con ÉL.
Montserrat González.

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