06/Abril/2021
“Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo.”
Filemón 1:10-12
“Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.”
Efesios 4:32
¡Cuánta capacidad tengamos para perdonar, manifestará cuan profundo ha sido el impactado del evangelio en nuestros corazones!
Como sabemos, Pablo estuvo en más de una ocasión en la cárcel, de acuerdo al testimonio bíblico fue en una de esas ocasiones que conoció a un joven llamado Onésimo, quien había sido siervo de Filemón, un líder (posiblemente pastor) de la iglesia en Colosas. El vínculo entre Onésimo y Filemón, no fue bueno debido a que el joven había generado un mal a su amo (aunque no se menciona la falta que cometió, esta pudo incluso haber sido la razón por la que Onésimo se encontraba en prisión).
Pablo aprovechando el tiempo prisión, presenta el evangelio a Onésimo quien entrega su vida al Señor y se convierte en un instrumento útil para anunciar la buena nueva, sin embargo, seguramente en una de las conversaciones salió a flote el tema de Filemón, seguramente Pablo se vio tentado a utilizar el apoyo de Onésimo en sus próximos viajes y de esta manera evitarse el problema le que podría generar buscar un reencuentro entre el líder de la iglesia en Colosas y el recién convertido, pero por otra parte sabía que Dios presentaba la oportunidad para poner a prueba a Filemón, perdonando y Onésimo manifestando su genuino arrepentimiento, es por esto que el apóstol envía una carta esta vez no a una iglesia, sino a su con-siervo, invitándolo a recibirlo y a hacerlo parte del servicio a Dios, pero principalmente con la intensión de buscar la reconciliación de una relación que no había terminado en buenos términos.
Aprender a perdonar debe ser una de las cualidades que mejor describan a los creyentes, el perdón es el elemento esencial de nuestra salvación, sin el perdón de Dios a través de su hijo nunca podríamos ser salvos. Jesús cuando enseñaba a orar a sus discípulos les decía que debían pedir el perdón a Dios de la misma forma en que ellos perdonaban a los que los ofendían y Pablo les decía a los Efesios que: “se perdonen mutuamente así como Dios los había perdonado a ellos.” Dios nos recuerda que, nosotros también hemos sido culpables y por lo tanto también necesitamos ser perdonados. Perdonemos todo el tiempo a fin de alcanzar la medida a la que hemos sido llamados, la de Jesús, nuestro Señor perdonó sin importar si eran o no merecedores de su perdón.
Lic. Mario Nolasco.

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